Se instaló en Ucrania, vivió en Japón y va detrás de una pelota de fútbol con su marido y sus hijos

La marplatense Laura Bagaloni apostó por su familia y dejó todo en Argentina. Con su esposo entrenador y sus hijos futbolistas va por el mundo donde el deporte los lleve.

Es profesora de educación física y guardavidas, pero supo trabajar durante años en los Tribunales de la ciudad de Trelew. Actualmente está viviendo en Ucrania junto a su familia con una historia vinculada con el fútbol y la convicción personal de buscar la felicidad.

Dejó Argentina «definitivamente» hace un año para instalarse en Kiev, pero su primera  migración interna fue en 2005 desde las costas marplatenses hacia la Patagonia. Junto a su pareja, el director técnico de fútbol Guillermo Samso, se instalaron en Chubut. Al coach nacido en Gaiman le surgió la posibilidad de ir a trabajar a Japón recomendado por su amigo Juan Esnaider, a quien están siempre agradecidos por semejante oportunidad.

Su marido es entrenador de fútbol y su cuñado es Leonardo Malgor, prestigioso entrenador de atletas de Mar del Plata y de Argentina, pero Laura tiene su propia historia para contar. Ella no dudó en la decisión de apoyar y acompañar a su pareja en su carrera. “Una mañana me fui a trabajar, me llama por teléfono, y me dice ‘me acaba de llamar Juan Esnaider que me tengo que ir a trabajar a Japón’. Yo le dije ‘anda, obvio’, y a los cinco días se estaba subiendo al avión. Fue un shock para él encontrarse con una cultura opuesta a la nuestra”, recordó.

En 2017 Guillermo se fue al exterior por segunda vez sin saber cuándo se volverían a ver. “Era una incertidumbre, yo estaba trabajando en Tribunales que era cómodo, estable”, contó Laura. En febrero del 2018 cargó a sus hijos y se fueron a Japón, donde vivieron durante seis meses (licencia laboral mediante). Entre tantas cosas que resolver, una de las cosas más preocupantes estaba vinculada a la educación de los chicos.

El país tiene un sistema educativo a distancia, el SEAD, para niños argentinos que viven por el mundo, hijos de trabajadores que quieran continuar con la educación argentina. Laura mandó algunos mails y quedó increíblemente sorprendida. «Es una plataforma que anotás a los chicos, te mandan la bibliografía online y vas descargando todo, rindiendo evaluaciones bimestralmente. Marcos, mi hijo más chiquito, hizo la promesa a la bandera en la embajada”, comentó.

Además, aseguró que el nivel educativo en Japón es “súper distinto”. En cuanto a la adaptación por la diferencia cultural expresó que “Japón fue un shock, es muy distinto a Argentina, en todos los aspectos. Tiene cosas maravillosas como la seguridad, la limpieza, el respeto de la gente. Los niños andan solos por la calle sin ningún inconveniente”.

Vivían a 40 kilómetros de Tokio, frente a una plaza, cerca de la costa y se manejaban siempre en bicicleta. A la hora de recordar aquella decisión de mudarse a Japón, Laura remarcó: “Renuncié a todo, tenía que apostar por la familia, consideré que era el momento de mi marido de crecer, y dejar de lado mi carrera profesional. Al principio me costó largar el trabajo, hoy soy el sostén de la familia, tenía miedo de ser una inútil y hoy me doy cuenta que mi rol es otro, que está bueno apoyarlos”.

También confesó que hay que aprender a convivir con la incertidumbre de vivir con un deportista y calmar la ansiedad. En Trelew, trabajaba en Tribunales, pero es profesora de educación física y guardavidas. Estuvo ocho años en el poder judicial, pudo sacar un crédito y convertirse en «una persona en blanco», pero luego tuvo que renunciar porque no era compatible con su nuevo estilo de vida.

Cuando se terminó el trabajo en Japón, volvieron a Argentina hasta que en 2020 surgió la gran oportunidad de mudarse a Ucrania. Al respecto, se mostró entusiasmada por afrontar otro cambio y contó que en Kiev hablan en ruso y en ucraniano. “Me maravillé con la ciudad hay una clase baja muy baja y una clase alta muy alta, pero como lugar es increíble la historia que tiene este país”, manifestó. Y contó que «es un intermedio entre Japón y Argentina, está más cerca de nuestras costumbres pero no son tan amables como en Tokio».

Este invierno fue fatal con -25 grados. Hace 10 días fuimos a ver el río congelado y fue increíble, manejé con las carreteras congeladas, tuve que cambiar las ruedas, tardás más en llegar a los lugares porque el tránsito es complicado. Y la ropa también tuve que cambiarla, comprarme botas de goma, camperas adecuadas, gorros, guantes, bufanda y barbijo. La gente tira sal en la vereda para que no se forme el hielo de la nevada de la noche, están todos preparados”, expuso.

Además explicó que Kiev es una ciudad con una gran parte histórica, restaurada, con una parte moderna con grandes edificios muy lindos y muchas construcciones que van a ser futuros centros comerciales y oficinas. Vive en un piso 12 y no tiene nada alrededor así que tiene una vista “increíble”.

Su marido trabaja en el Dinamo Kiev y ella siempre dice que sus hijos “nacieron con pelotas de fútbol dentro de su cabeza”. Ambos juegan en el mismo club. En cuanto a la adaptación de los hijos indicó que “este año les ha resultado un poco más sencillo porque los ucranianos son mucho más abiertos que los japoneses, además hablan inglés y en Ucrania los chicos son mucho más simpáticos».

Hay una frase muy especial que Laura tiene en su cuenta de Instagram: “Lo imposible está en la mente de los cómodos”. En diálogo con Radio Brisas, reconoció que esa sentencia resume su historia y, en ese sentido, agregó que “miedo vamos a tener toda la vida porque el cambio te produce miedo, pero la valentía de poder hacer las cosas con miedo es inigualable”.

Escuchá la charla de Laura Bagaloni con Florencia Cordero en Un Lugar en el Mundo:

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